Avance

Gabriela Cabezón Cámara

La pasión según Migré

En 1972, cuando se creía que la vuelta de Juan Domingo Perón –avalada por la evidente imposibilidad de los militares de seguir gobernando– lograría una tregua social, todo estaba, en verdad, por estallar. El abrazo pendular del líder, que oscilaba entre la derecha y la izquierda de un movimiento que escalaba la violencia sin parar, ya no podría contener las fuerzas que hasta ese momento había tenido más o menos sujetas. Según lo que le conviniera en el momento a su objetivo, justo de toda justicia, de volver a la Argentina y presentarse a elecciones, Perón alternaba con uno y otro extremo del arco político. Y su movimiento, el peronismo, concebido como una familia con “El Viejo” manejando los hilos desde lejos, pero tensionado de uno y otro lado, estaba a punto de explotar, y la explosión iba a costar sangre, como ocurre en las peores familias: las de las tragedias.