Avance

Margaret Atwood

El cuento de la criada en la era Trump

En la primavera de 1984 empecé a escribir una novela que inicialmente no se llamaba El cuen­to de la criada. La escribí a mano, la mayor parte en blocs tamaño oficio de papel ama­rillo, y luego transcribí mis garabatos casi ilegibles con una enorme máquina de escribir manual que había al­quilado, con teclado alemán.

El teclado era alemán porque yo vivía en Berlín oc­cidental, todavía cercada por el Muro de Berlín: el imperio soviético seguía firme y no se derrumbaría hasta cinco años más tarde. Todos los domingos, la Fuerza Aérea de Alemania del Este producía explo­siones sónicas para recordarnos lo cerca que estaban.